miércoles, 11 de febrero de 2015

Canción de Hielo y Fuego, de G. R. R. Martin


Hace ya un tiempo que empecé con la lectura de Canción de Hielo y Fuego. Tenía los tres primeros volúmenes en casa desde antes de 2006 (¿2005?), pero nunca los había seleccionado como lectura. Un día en clase (quizás en quinto de carrera) me entero que el que hacía de Boromir en "El Señor de los Anillos" va a salir en una serie de fantasía, que se llama "Juego de Tronos", o "Canción de Hielo y Fuego". En ese momento me digo: ¡ostia! Ese lo tengo yo encima de la televisión. Efectivamente, lo tenía en casa.

Los meses pasaron y llegó la serie, así como 6 o 7 meses después de la primera noticia que tuve. La vi en inglés con subtítulos en español conforme salía en EEUU. Acabó la primera temporada y dije: ¡esto tengo que leerlo ya!. Así fue. Llegó el verano y me leí los dos primeros libros y empecé el tercero, que, llegado a cierta página, veo que faltan bastantes de ellas y se repiten otras tantas. Aquello me cortó el ritmo y me quedé sin poder terminarlo.

Por cierto, ya era tarde para devolverlo, haía sido una compra de 5 o 6 años antes a Círculo de Lectores del que ya no era socio.

Desde aquel verano, siempre he ido leyendo por delante de la serie, con grandes interludios a veces, parones necesarios por estudios u otras lecturas. Pero nunca la abandoné.

Anoche terminé Danza de Dragones. La mirada hacia atrás es casi de melancolía. Pero la de adelante es una mirada de desconcierto. No saber, en el peor de los casos, si habrá Vientos de Invierno, es desalentador. Por otro lado, no me hace nada de gracia que en la serie empiecen a aparecer cosas que aún no están publicadas (me gusta menos aún que el hecho de algunos cambios absurdos e innecesarios).

Es imposible hacer una crítica seria de esta saga en una entrada simple como esta. Entrar en detalles y justificarlo todo es algo que me hubiera supuesto estar tomando notas desde el principio, algo que no he hecho, pero sí he estado, en muchas ocasiones, atento al estilo del autor, algo que para mí es importante, porque estoy harto de que se denoste a la literatura de corte fantástico por ser considerada de baja literatura. Esto ha hecho que me intente fijar si es un autor de calidad literaria o si sólo es un autor para frikis (geeks). Los escritores de literatura han de ser buenos, si no, no serán, y de entre los de fantasía los puede haber. La calidad formal no la da el tema, ni las circunstancias en las que se desarrolla la trama, sino el cómo.
Aquí lo vemos en su última visita a ¿Nido de Águilas?
Ha sido inevitable, entre los lectores de fantasía más o menos serios, la comparación entre G. R. R. Martin y J. R. R. Tolkien (inevitable poner ambos nombres juntos con sus acrónimos). No me he parado a revisar juicios, pero sé que los ha habido, y sé que se prefiere a uno u a otro. Eso no es malo, es propio de gente con juicio crítico. El problema es cuando no hay una elección por el puro gusto subjetivo basado en las historias que cuenta, en la crudeza de la muerte, en el lenguaje soez. El problema es cuando se valora categóricamene ("Martin es mejor que Tolkien", por ejemplo) y esa valoración parte de los gustos propios, subjetivos y no de un análisis concienzudo.

Como he dicho, no puedo entrar en detalles, ni los tengo, pero sí puedo hacer una breve valoración sobre Martin, que no es muy válida al no poder justificarla con datos, pero que parte de la lectura reflexiva. En primer lugar, Martin ha revolucionado la literatura fantástica a través del método "que le jodan", es decir, matando a los que todos considerábamos que serían personajes pilares e insustituibles. Esto, que casi es un hallazgo en este género, produce un estado de tensión ineludible, que nos mantiene enganchados a las páginas del libro, y a la vez, bien llevado, redunda en la calidad de la obra, por su novedad, por sus cambios de ritmo, por su giros inesperados de la trama... El problema surge cuando se abusa de este método. Esto no quitaría calidad, pero sí produce un estado en el que todos estamos tan acostumbrados que esperamos que cualquiera pueda morir y si muere, casi que no nos sorprendemos, incluso podemos esperar su muerte. Basta con que destaque un personaje o lo veamos atrapado en una situación difícil para imaginar qué le va a pasar.

Los personajes de los primeros libros de Dragonlance
Otro hallazgo ha sido el de crear su obra como una novela coral y perspectivista. Que haya tantos personajes en sí no es nuevo en la literatura (Guerra y Paz, por ejemplo), pero sí en la literatura fantástica, en la que no recuerdo una obra con tal cantidad de personajes. Y no solo personajes, sino personajes desde los que se narra. Hay obras, como las Crónicas y las Layendas de la Dragonlance en las que, cuando no están unidos los personajes protagonistas, hay saltos de espacio para poder seguir los distintos personajes, pero en ningún caso hay la misma cantidad ni se busca narrar desde la mente o desde las opiniones de los mismo personajes, lo que, por otro lado lo hace aún más original y complejo narrativamente. Lo que, de nuevo, redunda en la calidad. ¿Problemas? Algunos. En primer lugar, a veces me ha dado la sensación de que no hay tanta diferencia en cuanto al lenguaje de los personajes, o pensamientos. El lenguaje más vulgar está presente en casi todos los personajes adultos. Por otro lado, la narración se me presenta como un poco confusa. Encontramos el personaje en estilo directo y sus pensamientos de un modo literal, como monólogo interior (en ocasiones mal empleado, cortando la acción con pensamientos irrelevantes o que hacen pesada la lectura o por irrelevante). Hasta ahí bien, pero cuando aparece el narrador, me surgen dudas. Unas veces el narrador aparece como tal y otras como estilo indirecto libro el que se refleja en las palabras es el personaje. Otras veces no está claro a quién escuchamos. Otras veces, el narrador parece hablar como si hablara el personaje y otras no. En definitiva, no queda claro si está narrando desde dentro del personaje o desde fuera. Me gustaría algún día analizar en profundidad cómo funciona el narrador con respecto al personaje desde el cual se narra la acción de cada capítulo.

En cuanto al estilo, tengo que decir que Martin procura ser cuidadoso, a veces utiliza metáforas magníficas, como una escena de Festín de Cuervos en la que Arys Oakheart está teniendo sexo con Arianne Martell y Martin realiza comparaciones con el mar que rozan la perfección. O el juego que realiza, sino recuerdo mal, en la Boda Roja, en el que un grupo de músicos van cantando "Las lluvias de Castamere" y sus estrofas se van intercalando con lo que va ocurriendo en la Boda. (Mi memoria puede que esté fallando, pero un capítulo hay en el que ocurre eso y lo consideré el mejor hasta la fecha). Sin embargo, ese casi preciosismo en la narración que hay en muchos momentos, falta en otros, en el que la prosa es algo menos "modernista".Otras veces, Martin sabe hacer capítulos en los que el ritmos se refrena más de la cuenta o introduce hechos no tan importantes, o que podrían haberse relatado de otro modo, o haber relatado otra cosa. El caso es que en esas ocasiones, el sentimiento que queda es de un poco decepcionante; pero él prefirió seleccionar lo que seleccionó y en eso no puede haber mucha queja, pues él es el Demiurgo del universo de Canción de Hielo y Fuego.



Por último, quería hacer una mención con respecto a su capacidad inventiva a la hora de realizar descripciones exóticas. No hay que olvidar que Poniente (Westeros) es un trasunto de nuestra Edad Media, mientras que Essos no es más que un más allá exótico y muy heterogéneo. Cuando va a crear las ciudades de este otro continente, parte en muchos casos de pueblos y civilizaciones antiguas. Tenemos algo así como Rodas-Venecia en Braavos, tenemos algo así como los hunos en los Dothraki, y bueno, otro sinfín de lugares que me gustaría que si algún lector quiere comentar sus paralelismos,que lo haga en los comentarios. También ocurre con las religiones: el culto de R'hllor tiene curiosas líneas de contacto con Ahura-Mazda. Los siete puede ser un trasunto de la Trinidad. Aunque a nadie se le escapa el paralelismo del pueblo de los corderos, lo Lhazareenos con el cristianismo (Nazareno). Evidentemente, todo esto reelaborado y totalmente recreado para los fines que ha de tener, crear un cosmos independiente y autosuficiente. Sin embargo, igual que hay grandes aciertos, como en vestimentas, nombres de personas, gastronomías, personalidad de la aristocracia de estos lugares, hasta peinados, a veces, cuando quiere ser evocador, producir una sensación de "paraísos artificiales" a base de lo sensual o de lo imaginativo, puede llegar a ser un poco vulgar y/o cursi. Recuerdo cuando en Danza de Dragones, llama a las horas nocturnas "la hora del lobo, la hora de la anguila..." que, personalmente, me llegó a parecer ridículo.

Querer hacer una obra tan inmensa puede llevar al autor a no perfilar todo de un modo perfecto. También ocurre que lo que a mí me parece imperfecto a otro le puede parecer sublime. Sin embargo, quitando lo último, he intentado ser objetivo aunque lamento no haber tomado nota desde el principio para poder hacer un estudio lo suficientemente serio. Que no se entienda, aun así, que intento dar una mala imagen de sus obras, puesto que considero que es y será siempre uno de los grandes. Si tuviera que dar una nota, sería muy muy alta. Pero nunca sería mayor que la de Tolkien. Espero poder hacer un artículo algún día referente a El Señor de los Anillos.

Por lo pronto, nada más a excepción de agradeceros la paciencia si es que alguno llega hasta aquí e invitaros a que me comentéis.