jueves, 11 de julio de 2013

El Monje II. El elemento infernal.

The Gothic novel has not fared well among literary 
critics, even in this age of sympathetic evaluations of 
largely forgotten minor works. Literary histories 
treat the subject with chilly indifference or condescension, 
granting it only cursory attention.
Robert D.  Hume


En las novelas góticas nos encontramos el elemento "infernal" siempre. Una veces aparece como un adorno, otras veces aparece como el fundamento en el que se asienta la historia. Este último caso es el que se da en El monje, analizada en un artículo anterior

¿Cuál es la naturaleza de este elemento infernal en esta novela? Podemos analizar, antes de nada, el componente religioso de lo supranatural.



En primer lugar, es significativo que la acción esté situada en España, al igual que otras lo están en Italia. Entendemos que son motivaciones ideológicas e históricas las que llevan a situar en estas tierras novelas en las que lo mágico, supersticioso, ignorante se da. Por un lado, los autores nórdicos que componen estas novelas lo hacen en el Siglo de las Luces, en el que se creía desterrada toda creencia no acorde con la recta interpretación protestante del cristianismo. Nada de santos, de milagros, de Vírgen, de vida contemplativa, de aprehensiones sentimentales por causa de hechos que podríamos llamar supranaturales. Por tanto, no era propio situar en Inglaterra una acción en la que habría de todo esto, aunque la acción fuera situada en un siglo en el que, en Inglaterra, se perseguían a las brujas como si de verdad pudieran volar o en un momento en el que aún no se habría llevado a cabo la Reforma luterana.  Por otro lado, las razones históricas pueden ser más obvias, ya que la religiosidad que en el siglo XVII o XVI (más o menos el tiempo de la historia de la novela) en España siempre se ha considerado de las más fervientes y exacerbadas.

Esta religiosidad aparece en la novela practicada por un populacho movido por las pasiones (un rasgo que quizás sea indicio del nuevo espíritu romántico que se estaba extendiendo en la literatura) más que por la inteligencia. Un populacho cambiante de un momento a otro, según el convencimiento general, es el que refleja el ser español según Matthew G. Lewis. No olvidemos que el núcleo de la acción es llevada a cabo en la villa de Madrid, capital del Reino. En el mundo de los nobles, que aparece muy poco, sólo podemos suponer algo más de raciocinio, de hecho, Lorenzo, noble, es quien pone la cordura en los momento de más alboroto por parte del pueblo llano.

En cuanto al mundo clerical, destaca la no caridad por parte de la madre superiora del cenobio femenino y la soberbia, vanagloria, afán por la fama de Ambrosio, abad del monasterio masculino, y algo que sería incluso más grave, la casi idolatría de la Virgen por parte de Ambrosio. No decimos nosotros que hubiera dicha idolatría, de hecho, los "reformados" ven como tal la veneración de imágenes sagradas de los católicos. Lo más preocupante sería la percepción erótica que creemos que siente Ambrosio ante la visión de la imagen de la Virgen María que posee en su celda, lo cual se acercaría más a lo que produciría repulsión al lector. Depende, parece, de la perspectiva con la que se lea la novela: un protestante del siglo XVIII se fijaría más en la idolatría, el católico en la visión impura.

La represión produce debilidad y sufrimiento, y este lleva a aceptar el mal como medio psicológico de escape de dicha represión. Esto parece transmitirse en las novelas góticas que vamos leyendo por ahora (podríamos incluir Lokis). El mal aparece en forma de tentaciones, enviadas por el mismo Satán para destruir el alma del atormentado. Para ello se vale de emisarios que ya antes habían vendido su alma al demonio, lo que nos llama la atención, por la fuerza y el poder que el demonio destila en esta novela.

Se hace mención repetidas veces que Satán fue un ángel caído. También su carácter mentiroso y embaucador sale a relucir al final, cuando ya no hay salvación posible para la víctima. Pero, ¿de verdad no hay dicha salvación? Tal parece, pero puede que no sea más que otra mentira del demonio. En todo momento parece que la "misericordia infinita de Dios", como se dice varias veces, sí tiene un límite. Este límite es la pérdida de posesión del alma. La víctima puede vender su alma a Satán. En ese momento, Satán sería su dueño y no habría salvación posible para el que la perdió, Dios no tendría fuerza suficiente para salvar dicha alma. Esto nos supone dos problemas. 


El primero sería que el alma no es de Dios antes de vendérsela a Satán. Esto supone que lo que le da poder a Dios sobre el alma es su posesión. Ahora bien, si Dios es creador de todo, y el mal se genera con la corrupción de la creación, seguiría el mal estando subordinado a la voluntad divina. Si aceptamos esto, sólo lo que está en su posesión divina puede ser afectado por él. Pero si Satán está subordinado a Dios y teniendo él el alma Dios no puede nada con ella, que es el caso de esta novela, se nos plantea el problema de cómo esto sea posible. Si Satán tiene el control del alma, o puede tenerlo, el alma no sería de la persona a partir del momento de la cesión, puesto que esto también le quitaría su "jurisprudencia" sobre ella, y a Dios mismo también se la quitaría. Esto nos lleva a concluir que en la novela hay una concepción según la cual todo lo que no esté en posesión de Dios no puede ser afectado por Él, pudiendo haber cosas fuera de su alcance, lo que está lejos de la creencia católica. 

Nos lleva a pensar esto que lo que plantea aquí el autor de la novela es que Satán y Dios están al mismo nivel y el alma es del Ser Humano, pudiendo hacer con ella lo que quiera. Seguir al servicio de Dios (como se dice en la novela) o cambiar de Señor y pasarte a las huestes malignas. De este modo, si Dios no es más que Satán, tienen el mismo poder, lo que pertenece a Satán no puede ser "tocado" por Dios y su Gracia Divina. Así, tenemos ante nosotros una visión dualista del Bien y el Mal, al modo oriental, contraria a las enseñanzas de Dios.
fuente: http://webcatolicodejavier.org

Curiosamente a las víctimas, católicas, no les afecta esta contradicción con su fe, las acepta tal cual, lo que nos lleva a pensar que el autor de la novela no conocía bien la teología cristiana en general, católica en partícular, lo que le hubiera dado un grado mayor de verosimilitud y calidad literaria.

Es curioso el motivo temático que aparece aquí de la transacción mercantil en la que se verifica mediante un documento escrito. Detalle que nos habla de una visión burguesa en el que la palabra ya no tiene valor en sí misma y se trata lo espiritual como si fuera material y a un nivel institucional serio. No es un trueque y no sirve la voluntad de querer, hay que firmarlo, lo que también es un poco contradictorio con la moral cristiana, en la que el acto de voluntad es más importante que un papel en el que se puede mentir, mientras que un deseo o una querencia es siempre sincera, aunque no se exprese con palabras. Este motivo lo encontramos, por darle un toque más desenfadado al artículo, en Los Simpson:



También Bart vende su alma en forma de contrato escrito. Pero no he encontrado ningún vídeo medio aceptable.

La "posesión infernal" en el que se ve el protagonista es un motivo clave para los estudiosos del gótico. Para unos, la ambigüedad moral es un motivo fundamental de la novela gótica, producto de la complejidad del personaje, parte de la descripción del género. Para otros esta ambigüedad no es esencial, aunque se pueda dar, sino que lo verdaderamente particular de la novela gótica a este respecto es el hecho del mal, de su aparición. Esto se debería a que la presencia del mal (lo infernal, demoníaco) es total y, lo más importante, real, no imaginada, lo que afectaría a la conciencia de los malos sobre su estado moral y a que la relación con el mal sea más física.

El carácter fantástico del mal es un tema que deberemos tratar en futuros artículos. Me refiero a cuando un personaje es maligno aunque no haya pactado con el diablo o no haya faltado a sus votos más sagrados, blasfemando, o de cualquier otro modo. Novelas en las que el demonio no haya aparecido en ningún momento como tal, pero que el mal y la oscuridad que suelen acompañarle en las novelas de ésta época están como fondeando el cuadro.