martes, 5 de marzo de 2013

Reflexiones en torno al título y género de Guerra y Paz, de León Tolstói



Considerada como una de las grandes obras de la novelística mundial, Guerra y Paz no deja indiferente a aquel que la lea. Fue publicada definitivamente en 1869, fecha cercana a una de las obras que tanto le pudo influir, Los Miserables, 1862. No voy a repetir cosas que podéis encontrar sobre la obra (estructura, influencias, recepción, características...) en internet o en libros más o menos accesibles, me limitaré a escribir alguna reflexión, en esta entrada y en otra futura, que pueda ser útil para quien encuentre este artículo.

A pesar de los problemas que la traducción del título produce, nosotros vamos a aceptar la tradicional como válida por ser la mantenida por la tradición editorial, además de ser el título de una obra que le sirvió de inspiración: Guerra y paz, de Proudhon, escrita en 1861, lo que puede ser significativo. Por otro lado, nos sirve para hacer una reflexión que quizás valide dicho título. Esto es porque la guerra y la paz está presente en la historia de una forma profusa y en varios niveles: por un lado en los hechos históricos mismos, ya que se nos narra momentos de batalla, pero también se relata movimientos de batallones, momentos íntimos de oficiales de los ejércitos, sus reflexiones, sus conversaciones. Incluso los protagonistas en momentos ligados con los hechos de guerra. Por otro lado, la paz se nos presenta en los momentos de vida en el campo, en el ocio, en los momentos más alejados del problema napoleónico. En otro nivel se nos presenta otro modo de guerra y de paz. Nos referimos al nivel psicológico. A lo largo de la obra, cuando el autor se abstrae de los hechos históricos de la invasión napoleónica, se centra en los protagonistas de modo que conocemos sus vidas privadas, especialmente sus encuentros y desencuentros amorosos, incluso cuando los personajes están más pendientes de otros hechos, como la masonería o la correcta gestión de sus propiedades, el amor está presente, y cuando hablamos de amor también queremos decir desamor y odio. Y esto es la guerra y la paz interna en los personajes, sus vicisitudes diarias, en sus relaciones personales con sus parientes, sus amigos, sus enemigos. Unas veces la vida es calmada, feliz casi, pero otras el conflicto interno se presenta, en forma de infidelidad o de tortura sentimental que llegan a sentir estos personajes. Como ejemplo, echando mano a la memoria, podríamos citar la vida del príncipe Andrés Bolkonsky, el que pasa por una guerra interna, tanto antes de morir su esposa (como bien nos hace ver Vinitsky (2007), unido al simbolismo de la puerta que representa aquello que hace sufrir a este príncipe) como en los meses que pasa lejos de Natasha, y la paz, que alcanza con el reencuentro tras ser herido en una batalla. Por tanto, Guerra y paz es un título que se adapta coherentemente a la obra, de modo que en el título tenemos compendiado el sufrimiento de los personajes, pero también su solaz más acentuado, que a veces lo hay.

Tal cual es mi edición. Por cierto, muy mal editada, aunque muy bonita.


Las pasiones humanas siempre han estado presentes en las grandes novelas, parece como si no pudiera haber gran novela sin ellas. Siendo obvio, como yo soy, puedo hablar de la pasión loca del Quijote, o la pasión reprimida (o quizás de represión) de Ana Ozores, sólo por ejemplificar con las dos mayores novelas en español. Parece que lo mismo ocurre con la gran novela rusa, y universal. Por tanto, si la novela la introducimos dentro del realismo, como se ha querido hacer, debemos rechazar el tópico de que el realismo no trata lo sentimental y lo trascendente. Evidentemente no lo trata de la misma forma afectada en que el romanticismo lo hace, pero como tema o como motivo literario está presente. Es curioso cómo trata esto el libro Slavic sins  of the flesh: food, sex and carnal appetite in Nineteenth-century Russian fiction, en el que se centran en el tratamiento metafórico de la atracción sexual y por el poder a través de la comida, de lo "carnal" en todos sus significados posibles. Quizás esta cita resuma bien la idea:

Like women, food and drink come to serve for Tolstoy as recurrent emblems for the erotic objects that tempt adult males in this life, offering them instant physical gratification of the senses as a substitute for the more difficult (and temporally deferred) satisfaction of the soul that comes only with true spiritual fulfillment. LeBlanc, 5.  

Esto puede estar relacionado con el Espiritualismo, la corriente realista que a diferencia del naturalismo, atiende a la parte más metafísica del Ser Humano, a los condicionantes espirituales (morales) que afectan al desarrollo de la sociedad o del individuo; el ejemplo del príncipe Andrés que hemos citado sería un ejemplo claro, pero no es despreciable tampoco el de Pedro y su constante búsqueda de la tranquilidad y excelencia espiritual, lo que le lleva, en su momento más extremo, a la masonería; concuerdan con la descripción que Romero Tobar (1998) hace de los personajes de la novela espiritualista leyendo a Clarín: "Los personajes de la novela espiritualista están dominados por imperativos categóricos, deberes inexcusables, son como Federico Viera animales morales." Si es cierto que dicha corriente parece darse algo más tarde, no es menos que en Guerra y Paz puede vislumbrarse ciertos rasgos, a veces en el mismo narrador, a través de algunas afirmaciones, incluso a modo de confesión cristiana que entronca con el sufrimiento; en cuanto a los personajes lo podemos ver en las dudas que en un nivel metafísico padecen muchos de los personajes, especialmente los protagonistas. 

Según Clarín, las características de las obras "espiritualistas", también llamadas "realistas idealistas", serían:

"Novelesca no en el sentido de una más amplia fábula, sino de mayor expresión de la vida del sentimiento."("La novela novelesca", en Ensayos y revistas, 141). Las otras notas requeridas serían la poesía y la psicología, "la saludable reacción que en varias literaturas se nota en favor de la novela psicológica"( crítica a Realidad, en Galdós, 193). Esta novela psicológica, "mal llamada de análisis", según Clarín, tenía toda una tradición que partía de Stendhal, Constant y Saint Beuve, y se revitalizaba con los Margueritte, Rosny, Rod y, sobre todo, Bourget. Una última y complementaria nota sería el misticismo reclamado por F. de Brunetière ("La novela del porvenir", en Ensayos y revistas, 389). En resumen, pues, Clarín buscaba "novelistas, poetas, psicólogos, sentimentales y piadosos" ("La novela novelesca", 157). L. Romero Tobar.

Tenemos que citar de nuevo a Romero Tobar (1998), centrándonos en el personaje, cuya construcción psicológica y de impulsos vitales es fundamental para considerar a una novela espiritualista:

Pero el grado de máximo despliegue del esquema espiritualista lo revelan las
novelas en que la apoteosis del amor lo es de amor a la humanidad, de muerte del egoísmo y de entrega solidaria al destino colectivo. El héroe espiritualista, una vez redimido, aspira a redimir a la humanidad, proyectar sobre la realidad sus propias creencias y valores, transformarla por medio del ejemplo personal. Son los santos civiles que recorren algunas de las más características novelas rusas y españolas. El modelo ruso es, por excelencia, Resurrección, pero en España lo habría elaborado ya Galdós a partir de héroes que no pasaban por el descubrimiento y la expiación de una culpa propia, sino que aparecían dotados desde el principio de la conciencia agudísima de la injusticia social y de una filosofía del amor que se proyectaba en acción a través de la caridad, la abnegación y el autosacrificio.

En esta novela, que es ante todo una novela coral, concurren decenas de personajes, de estos algunos se acercan más al tipo espiritualista, al igual que otros se acercan más al de la novela de tesis, también incluida como subtipo en el realismo-naturalismo. En este caso, encontramos ejemplos claros de personajes propios de la novela espiritualista en Pedro Bezujóv o en Petia Rostov. Como ejemplo más cercano al de novela de tesis, tenemos a Natasha, con quien el narrador pone en práctica teorías sobre las relaciones personales (no pasemos por alto que no es la única, prácticamente con todos los principales hace eso, pero con algunos de forma más descarada).

Esta complejidad se debe a que no es una novela que trate sobre un tema concreto, sobre un personaje y su devenir, sino que como todos sabéis, el número de personajes que asoman entre las páginas son innumerables, no son pocos los protagonistas y los secundarios son muchos más. De hecho, no se ajusta a un subtipo de novela realista y el desarrollo y composición de los personajes es clave para comprobar esto, y es que, como hemos visto, tenemos personajes que podrían entrar en la categoría de personaje de novela espiritualista y otros corresponderían más a personajes de novela de tesis, aunque como novela de tesis quizás la veamos en un posible futuro artículo.

Nosotros nos preguntamos si estos personajes cargados emocionalmente hasta niveles extraordinarios no sean herencia del Romanticismo. Esta es una de las características que nos resulta interesante, el hecho de que con una prosa nada artificial, con estilo a veces muy directo, con carácter de confesión directa por parte del narrador en algunos momentos, Tolstói nos relata la existencia de unos personajes cargados emocionalmente en casi cualquier momento, algo propio de la novela histórica del Romanticismo. Entre comparaciones (post-románticas) con maquinaria industrial, o con organismos vivos, entre reflexiones sobre el devenir de los hechos históricos, aparecen personajes que tiemblan de amor, personajes que no duermen porque sienten, cartas de amor, declaraciones caballerosas. Esta paradoja, que no contradicción, da mucho juego al lector que no se casa con algún género concreto o estilo o movimiento, sino que le gusta disfrutar de la literatura decimonónica sea del momento que sea. Poder sentir cómo siente un enamorado apasionado mientras leemos en la prosa limpia del realismo es un hecho que sólo una gran novela como es esta nos puede proporcionar.

SEGUNDA PARTE

BIBLIOGRAFÍA
LeBlanc, Ronald D., Slavic sins of the flesh: food, sex and carnal appetite in nineteenth-century Russian fiction, University of New Hampshire, 2009

Romero Tobar, L. ed., El siglo XIX, II, en V. García de la Concha, director, Historia de la literatura española, Espasa Calpe, 1998, 776-794.

Vinitsky, I., "Behind the Door: Co A Few Remarks Con-n-ncerning cerning the Direction of Prince Andrei's Gaze", en Tolsoy Studies Journal, Vol. XIX, Tolstoy Society of North America, 2007, 80-86.