viernes, 2 de agosto de 2013

¿Machismo en la lengua?

Hasta ahora, nunca me había planteado cuál es el motivo por el que el masculino y no el femenino es el género gramatical no marcado. Nunca le di importancia. Siempre pensé que esto es así porque así es; igual que el singular es el número no marcado y jamás se me ocurrió que estamos discriminando al plural por ello, o a las orejas por ser dos o a los árboles por ser innumerables.

Hasta ahora. Porque ahora alguien me lo ha preguntado y, para contestar a ello, sin saber el porqué ni saber dónde mirar de un modo rápido, he intentando poner en práctica mis conocimientos lingüísticos y dejado fuera todo lo concerniente a la ideología. Es decir, he actuado como alguien inteligente y no como un pedagogo.

Resulta, pues, que si hablamos de género gramatical hablamos de sistema lingüístico (no, aunque esté relacionado, de su uso, ojo, que eso ya es pragmática y aquí no me interesa), por tanto, qué mejor que mirar el sistema, su presente, su pasado, y sacar respuestas. Intentémoslo.

fuente:
http://campusmexico.mx/2012/03/07/%C2%BFla-lengua-tiene-genero-%C2%BFy-sexo/
Podrían haberle puesto tilde a GÉNERO por lo menos.
Partimos de que el español es una lengua con unas estructuras de oposición binaria, expresadas en el caso del género (también en el número) por dos morfemas, uno para significar un género y otro morfema para significar el otro. Y esto es importante, no sólo pasa en el género, sino que ocurre en otros ámbitos de la lengua, lo que nos lleva a dudar ya de temas de machismo y demás.

Pues bien, en esas estructuras de género y número no existe un morfema para expresar un conjunto de seres humanos indistintamente del sexo al que pertenezcan o sabiendo que en dicho grupo hay de ambos géneros. Recordemos que el género es el subsistema que nos permite referirnos a seres sexuados, pero también a seres no sexuados, otro motivo para rechazar la apelación de sexista a un sistema.

Por el hecho mencionado de existir en español (en otras lenguas sí) un género o morfema de género que englobe el masculino y el femenino, hay que usar uno de los que tenemos, ya sea el masculino o el femenino para dicho género "genérico", ya sea el singular o el plural para el número que englobe a ambos. De aquí surge la pregunta de la que parten todas las suspicacias habidas y por haber. ¿Por qué es el masculino y  no el femenino? ¡Machismo!

Yo prefiero ser más científico y menos sociológico, actitud caldo de cultivo del relativismo y de lo arbitrario. Si la lengua no se la inventaron nuestros abuelos (que también, pero no sólo), si no que podemos rastrearla hasta tiempos "incognocidos", olvidados (¿a parte de alguien que por motivos de estudios o por un interés cultural normal sabe algo que merezca la pena de Roma, pero de verdad, no de novela?), ¿no será buena idea llegar hasta esos momentos para ver si algo tiene que ver el latín?

Ya estoy harto de paréntesis, nunca mais.

En latín tenemos un sistema de declinaciones, en las que no hay morfema de género, sino una distribución semántica más que morfológica en cuanto al género. Así, en la primera declinación encontramos la mayoría de los lexemas femeninos, pero no todos. En la segunda de los masculinos, pero no todos, y de muchos neutros. En la tercera hay de todo, masculino, femenino y neutro.

Si hablamos de la cuarta y la quinta declinación, en ambas hay de ambos géneros, pero no olvidemos que tanto en la cuarta como en la quinta el número de sustantivos es mucho menor, por tanto, no influirán en la distribución final, si no es por analogía, ya que la cuarta se asimilaría a la segunda, la quinta a la primera.

Pues bien, el caso es que en español nos encontramos términos procedentes de todas las declinaciones, distribuidas en varios géneros gramaticales, ahora sí, gramaticales, es decir, con un morfema que lo marca. Así, tenemos el masculino, cuyo morfema o nos indica que aquí han caído la segunda (masculinos, femeninos y neutros). En femenino, cuyo morfema a nos indica que aquí han caído los términos de la primera (femeninos y algún masculino). Tenemos otro morfema e que nos indica la procedencia de la tercera declinación (masculino, femenino, neutro), que toma en español el género masculino (fúnebre, en palabras de origen árabe, como azafate, lo que hay es una asimilación con la declinación latina, es decir, como en árabe acababa en consonante, equivaldría a la tercera declinación, cuya vocal dada al español es la e como género gramatical)  aunque el origen no sea latín, cuando se adopta este morfema porque alguno hay que tomar, es masculino).

En cuanto a un recuento de palabras, veríamos que en el masculino o del español, hay un número mayor de palabras que en el femenino a, además de incluir neutros latinos que no incluye el femenino, y más femeninos latinos el morfema que masculinos latinos el morfema a.

Todo ellos nos llevar a pensar, no ya como algo lógico, sino como algo indiscutible, el hecho de que el masculino, con dos morfemas en español, con un número mayor de palabras patrimoniales y con más géneros latinos en su seno, se haya usado como género no marcado, es decir, para significar todo lo que en su interior alberga (femeninos, masculinos y neutros). Y es algo que va en la propia evolución de la lengua, en la conciencia lingüística del hablante, no en la conciencia de género de las personas, aunque se puedan influir (pragmática), pero que no ha sido en este caso una influencia decisiva a la hora de seleccionar el género no marcado.

Digo "ha sido" porque ahora sí lo es. La ideología es ahora la que va marcando el uso de la lengua, ahora hay que hablar como sociólogos, pedagogos, psicólogos dicen. No como la gente quiere. Y eso es una lacra con unos serviles esbirros, los periodistas, que aplican todo cuanto han aprendido en sus ifectas facultades, poco menos que un Mordor de la decadencia intelectual, la peor decadencia. Nos manipulan, nos manipulan diciéndonos que hablar bien es sexista, que es machista, que hay que hablar de otra forma, como si de hitleres se trataran, imponiendo un modo de pensar y de actuar que proviene de poderes fácticos de un modo, como he dicho, casi dictatorial y, sin duda, manipulador (apelando a los sentimientos, por ejemplo). Un ejemplo de lo que digo, llevado por la ignorancia, es esta imagen y la ideología que implica:

fuente: www.ciudaddemujeres.com


La lengua es un instrumento para comunicarnos, no es la mente. Si quieren atacar al machista que lo hagan al machista, no al instrumento que usa para expresarse, el cual, ni es ni puede ser machista, ya que la lengua no tiene voluntad.

Así que amigos, todos, mujeres y hombres, que pasen un buen día.

P.S. Se que no he hablado de otros géneros, como el ambiguo o el común, pero es que unas son palabras de la tercera sin morfema gramatical de género (o morfema cero) y las otras hacen referencia realidades poco comunes paradójicamente, por tanto aquí no importan mucho.