miércoles, 2 de diciembre de 2015

animalistas. Un artículo que no va a gustar a nadie

En este artículo quiero reflexionar sobre un hecho desagradable en varias dimensiones. No es algo que esté ahora en el candelero, pero en una conversación con una amiga fue desarrollándose algunas ideas sobre este tema. Se trata de lo que considero, sin ningún tipo de problema, como hipocresía de los mal llamados "animalistas", no de todos, que los habrá buenos, quizás; me refiero a aquellos que son capaces de utilizar la violencia contra otra persona por defender a un animal. Me explico.

Hay que partir de un topos, un lugar común que creo que todo el mundo acepta. Al menos, todo el mundo apreciable: el maltrato a otro ser vivo es malo. Y cuando digo que es malo, es que es una acción producto del MAL. Por tanto, no puede haber ningún argumento que no sea manipulador a favor del maltrato. Para mí, y hago este paréntesis para que no se me confunda, el matar para comer, siempre que respete la tradición cultural del momento, no entra dentro del maltrato. Y aquí la discusión podría alargarse, pero creo que la premisa básica es aceptada por todo el mundo que merece, de antemano, tomar en cuenta en una disquisición.

Nadie me negará que amar al hijo bueno es fácil. Al hijo que obedece, al hijo respetuoso con los padres, esos padres le tendrán aprecio y se sentirán orgullosos. Sin embargo, más difícil y, sin embargo, más valioso es el amor al hijo pródigo. Ya nos lo enseñó el Pescador. Podemos sacar una conclusión: amar al que se muestra leal y cercano es más fácil. Es más, es más fácil amar al que piensa como tú, es decir, al que se encuentra en tu área personal, en tu círculo. Todos hemos sido despreciados por gente que pensaba diferente de nosotros. Despreciados, insultados y algunos hemos tenido la bendición de ser golpeados por ese motivo. Es difícil, en definitiva, amar al diferente.

Esto me lleva a que odiar es fácil. Odiar a otro Ser Humano es muy fácil. Y creo que nadie negará que odiar a otro Ser Humano cuando piensa diferente a ti es algo que apenas requiere esfuerzo. Los ejemplos los podéis encontrar en canciones, en entrevistas televisivas, en estadios de fútbol o en las guerras continuas.

Esto se engarza con lo que decía de la hipocresía de los falsos animalistas en cuanto que ellos aman a unos seres vivos, pero odian, odian con todas sus fuerzas, a otros seres vivos, a los que más se parecen genéticamente a ellos, pero que ideológicamente más se diferencian. Donde hay odio hay maldad. Las buenas intenciones hacia los animales se quedan en nada cuando el odio se escurre por otras vetas. Es el nuevo racismo. Antes hubo épocas en que se odió a razas, o a clases, o a extraterrestres (en serio, hubo ese odio en EEUU). Ahora se odia al que ideológicamente no se parece, se diferencia, está lejos, al que no es leal a tus ideas, el que se rebelde a tus expectativas.

Los mismos que odian a esos Seres Humanos, "aman" a animales, pero ¿a qué animales? ¿Al tapir?, ¿al kiwi? Más bien al perro, por ejemplo. ¿Por qué? Precisamente por el mismo motivo que odian a la persona diferente. Porque el perro es el animal fiel por antonomasia. Es el animal que muestra esos valores que les faltan a las otras personas. Ese amor que no son capaces de expresar a un hermano, se lo expresan al perro, que es indefenso y la relación no es en ningún caso intelectual, con el que razonar de un modo lógico, con el que discutir sobre los puntos en los que la opinión diverge. Lo fácil es odiar, y por eso se ama al que no puede negar ese amor, o rechazarlo, o revelarse. El odio, que es lo que impera en el alma de esas personas, son las que sale fuera y así son capaces de atacar violentamente contra aquellos que atentan contra otros animales.

Así, los animalistas son hipócritas, porque "aman" al que es fácil de amar. En el fondo no aman ni han sentido nunca amor. Su alma es odio, mientras no amen lo contrario.