viernes, 1 de mayo de 2015

Leopoldo María Panero Rainer María Rilke yo

Estoy leyendo actualmente dos poemarios. Last River Together, de Leopoldo María Panero y Sonetos a Orfeo, de Rainer María Rilke. Dos maneras distintas de percibir la creación poética. Dos maneras distintas de expresar todo un mundo interior que les llevaba a plantearse las verdades del mundo.

La lectura de Panero te lleva a preguntarte sobre qué y por qué escribe como escribe, mientras te dejas llevar por los laberintos de sus afirmaciones intentando encontrar de qué están hechos los ladrillos que lo construyen (pues es artificial el laberinto, y oscuro y a la oscuridad te va dirigiendo a cada paso, a un lugar que desconoces pero que sabes que estará lleno de telarañas y vomitonas en las esquinas). No digamos todas, pero sí algunas, son composiciones que bien podrían haber sido publicadas en forma de parrafitos complejos, llenos de imágenes complicadas de digerir a veces, hermosas otras. Sin embargo, nos encontramos poemas con un juego formal que a veces trasluce una significación consciente, con sus versos corridos y otros cortados tras una conjunción o artículo.

Mientras tanto, Rilke en composiciones que en Alemán dicen ser formalmente impecable, nos habla con un lenguaje mítico sobre la actualidad de su pensamiento. En él son sus dudas existenciales, sus ideas místicas sobre el devenir humano, lo que más nos atrapa (ante una traducción, qué vamos a decir sobre sus sonetos, aunque los tenemos también en alemán, y únicamente podemos contemplar que tales son, al más puro estilo clásico). Partir de Orfeo y de la muerte misma para reflexionar quizás no sea del todo original, pero es que ser original hoy en día quizás sea un pecado porque su imposibilidad nos lleva a ser gilipollas; pero lo que sí consigue es hablarnos con un lenguaje moderno sobre un tema eterno, lo cual nos debe servir de magisterio. Sus metáforas nos parecen secas y su estilo parece ser (sólo parece, a través de la traducción de Visor) poco pretencioso, sólo lenguaje sencillo, símbolos nuevos e ideas eternas en un juego formal purista que nos gusta y nos hace sentir bien ante una lectura tranquila y relajada.

Y mientras tanto, sigo pensando en mis propios poemas, en querer darle una imagen de tradición y modernidad, que quiero que sean sinceros sin ser verdad siempre. Queriendo que no se lean autores en mis poemas, pero que sí se trasluzca que no están exentos de tradición, sino que esta está detrás de cada uno de los versos. Y todo esto, sin ser pretencioso ni parecerlo.