miércoles, 6 de noviembre de 2013

LOS HOMBRES DE PIEDRA: POR RUPEN ZARTARIAN. Cuento armenio.

[Con este artículo comenzaré el rescate de una serie de artículos que escribí tiempo ha en un blog hermano (http://grupont.blogspot.com.es/) y quiero compartir con vosotros]

Hemos recibido de un amigo, en exclusiva para este blog, un hermoso cuento, que con su fuerza es épico como lírico, narrativo como poético. Breve como un poema, pero salvaje como una narración de aventuras. Como Armenia misma.




Rupen Zartarian, el poeta creador de este cuento, fue asesinado por los Turcos en su famoso genocidio, del que ya parece nadie acordarse, parece que cuando hablamos de muertes, unas son más importantes que otras en base a no sé qué virtud o vicio. El poeta, nacido en 1874, bien pudo crecer leyendo a poetas románticos, de un romanticismo alemán, no liberal-francés. De ahí lo que diremos en un breve comentario a continuación del cuento.


Os dejo el texto introducido por la nota del filólogo que me lo ha pasado. El cuento viene con la “tildación” original del periódico.

Breve Nota Preliminar

Mi investigación sobre la recepción y crítica del autor norteamericano Herman Melville en España, me ha llevado a una agotadora búsqueda de artículos y reseñas que pudieran haber sobre este autor en las revistas literarias españolas de los siglos XIX y XX. En la base de datos de la Hemeroteca de la BNE, descubrí una revista del año 1899, La vida literaria, creada y dirigida por el dramaturgo español Jacinto Benavente. En su número 6 (11 de enero de 1899) aparece publicado este cuento armenio. En la nota a pie de página que se nos ofrece, se dan más detalles sobre el texto y el autor.




LOS HOMBRES DE PIEDRA: POR RUPEN ZARTARIAN.
(CUENTO ABMENIO) ( I)

De aquellas rocas coronadas por el vuelo de los halcones y cruzadas á rastras por las serpientes, aquellas grandes rocas tapizadas de césped que las colora de un verde gris, aquellas rocas gigantescas, cuenta una leyenda que en otro tiempo fueron hombres como nosotros.

Una vez, allá en tiempo remoto, cruzaba este sitio salvaje un cortejo nupcial venido de lejanas tierras. El ruido del taf* y del tambor, el clamoreo de los cantos y de los címbalos se extendían por las llanuras, á lo lejos, como también el brillo de las armaduras y la blancura de los trajes femeninos. La desposada ocultaba su belleza tras espesos velos.

De súbito hinchó su corazón el loco deseo de descubrir su rostro y mostrar sus encantos á estos lugares desconocidos, con una voluptuosidad salvaje. Arrojó sus velos y presentó su faz al sol. La Naturaleza, irritada por su audacia y su belleza, la maldijo y la petrificó
con su cortejo, y todos fueron rocas, mudos e inmóviles para siempre.

Ahora están allí, esperando eternamente. En ellas se distinguen rasgos deformes de niños, de viejas y de adolescentes; vénse ojos feroces que siguen abiertos en furiosa fijeza; figuras crispadas que parece quieren llorar y que no lloran. En ellas se revela un dolor, un antiguo dolor que los torturó á todos; amontonadas unas sobre otras estas rocas son ciertamente extraños seres que, aparte de la leyenda, tienen vagas apariencias de figuras humanas. Al sol de la mañana, al reflejo moribundo del crepúsculo vespertino resplandecerán allá arriba eternamente. En la historia lamentable de estas rocas la leyenda engarzó una creencia consoladora. Y ahora son lugar de peregrinación á donde van los enfermos y los que sufren, sobre todo mujeres, á verter sus penas al pie de estas piedras frias con suprema esperanza : encienden ingenuamente allí sus cirios y se vuelven. Y las rocas, arrogantes siempre y altaneras yerguen sus cabezas en el espacio. A veces, en primavera, blancos flecos de nubes detiénense en sus cumbres y las festonean de blancas espumillas; verdeantes arbustos é higueras salvajes crecen en las grietas allá arriba; á veces, el rayo las azota y les arranca fragmentos. En los días sombríos, cuando llueve, los cuervos lanzan allí gritos agudos, las lluvias arrastrándose descienden de lo alto y los vientos pasan bramando por encima. Las miradas de los caminantes se espantan de su altura. Y se preguntan turbados si ciertamente estas rocas fueron hombres en otro tiempo, estas grandes rocas, sobre las que se ve esparcidas numerosas plumas de aves diversas.

*Taf: instrumento de percusión. Circular y cubierta con piel de animal curtido. Se toca golpeando con la palma de la mano. No es de origen armenio. (Nota del amigo filólogo).



RUPEN ZARTARIAN.

(I) Este cuento, tornado de una tradición popular armenia, fué
escrito por el joven poeta Rupen Zartarian, natural de Kharpout,
capital de una provincia armenia de la Turquía asiática. Las rocas
que han dado origen á esta leyenda existen realmente cerca de
Kharpout. Nos complacemos en publicar este trabajillo y otros dos
que daremos en números siguientes, porque en estos cuentos se
[perciben] algo de la Naturaleza áspera y montañosa de la Armenia.

Comentario.

Fantasía

“Empinado como una escalera, trepaba en idas y venidas. Los caballos podían subir por él, y hasta arrastrar lentamente las carretas; pero ningún enemigo podía salirles al paso, a no ser por el aire, si estaba defendido desde arriba. En cada recodo del camino, se alzaban unas grandes piedras talladas, enormes figuras humanas de miembros pesados, sentadas en cuclillas con las piernas cruzadas, los brazos replegados sobre los vientres prominentes. Algunas, desgastadas por los años, habían perdido todas las facciones, excepto los agujeros sombríos de los ojos que aún miraban con tristeza a los viajeros. Los Jinetes no les prestaron ninguna atención. Los llamaban los hombres Púkel, y apenas se dignaron mirarlos: ya no eran ni poderosos ni terroríficos. Merry en cambio contemplaba con extrañeza y casi con piedad aquellas figuras que se alzaban melancólicamente en las sombras del crepúsculo.”

Tolkien, J. R. R.: El Señor de los Anillos. Minotauro, Barcelona, 2002. Páginas: 860-861.

Exacto, a esto me ha recordado el cuento. Esos hombres de piedra armenios son tan parecidos a los de Tolkien, que pienso que pudo haber leído Tolkien este cuento. La soledad, la antigüedad de unas personas eternamente a la intemperie. En el armenio personas iban a rezarles, las temían… parece recordar a tiempos anteriores a los que narra Tolkien. Pero Merry está ahí, la ingenuidad; él si mira con piedad, como si quisiera rezarles a estos seres solitarios y petrificados.

Pero no sólo a estos hombres, sino que también recordaréis a otros hombres de piedra, vivos y muertos a la vez en carcasas duras, inmóviles. Los guardianes de la frontera que fueron castigados en las tierras relatadas en La espada de Joram, de Margaret Weis y Tracy Hickman. Solitarios, melancólicos, siempre mirando al horizonte perdido de su tierra.

El hombre de piedra, sin ser algo a lo que he prestado mucha atención en mis lecturas previas, no deja de ser un elemento cautivador con poco que uno piense en ellos, y gracias a este cuento lo hago. Una estatua, sin tener “ser”, la miramos a los ojos y nos parece estar viendo a su “referente”, parece estar ahí mirando siempre al infinito. Creemos sentir sus desdichas o sus glorias. Pero está muerta. Pero eso lo sabemos ahora, ya que en tiempos remotos estatuas han sido veneradas en la Tierra como verdadera representación de un Dios (sólo hay que ver nuestra Semana Santa, más pagana que católica). De ahí que en Hispania se prohibiera en algún las representaciones religiosas y las policromías en los templos cristianos.  O distintas "herejías" cristianas se opusieran a la imaginería. Pero sigamos con lo anterior, con la impresión de una estatua de piedra humanizada.

¿Os imagináis estar atrapados en una carcasa marmórea, caliza…? Por la capacidad empática del Ser Humano, algo subconsciente, siempre que vemos una desgracia humana nos ocurre. Así, sentimos presión interior, la conciencia se nos nubla y la imaginación, como si fuera nuestro único medio de transporte, vuela. Así nos sentimos ante una estatua de piedra naturalista. Ahora, imaginaos años, centurias, bajo el sol, la lluvia, el rayo, bajo la naturaleza poderosa, gastándoos, aniquilándoos,desapareciéndoos.

A veces la estatua es sustituida por el sobre o bajo relieve, por el dibujo, ¿o qué son las pinturas rupestres si no el búfalo mismo? 

El hombre de piedra, como motivo narrativo, sin duda resulta muy interesante cuando nos paramos a pensar en él. Estaremos atentos en nuestras lecturas.


Romanticismo

La naturaleza cobra vida propia, inmensa y absorbente. El ser humano no es más que átomo esclavo de las fuerzas de las corrientes cósmicas, naturales. Esclavo y víctima.

La hýbris y la envidia divina, en este caso divinidad deshumanizada, naturalizada, reconvertida en lo que es, no imagen y semejanza nuestra, sino ser y ente propio. Su superioridad no debe ser amenazada, si fuere así, habrá castigo, a la naturaleza nadie le tose.

El tema eterno de la hýbris humana, castigada por nuestos verdaderos amos, nuestros propios límites, se da en este cuento armenio, romántico y armenio. Con una visión de la naturaleza propia, pero a la vez universal. Propia porque vemos una Armenia alta, rocosa, montañosa, como es en verdad. El valle está oculto tras la montaña que roza al cielo y éste le contesta con su rayo divino. Universal porque es con el Romanticismo, con el movimiento en el que la Naturaleza no es humana, sino el hombre naturaleza. La naturaleza lo es todo, y aquí lo vemos clarísimamente.

ANGELUS ROBUR AGRESTIS

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