jueves, 6 de junio de 2013

EL MONJE de Matthew G. Lewis. Breve análisis de sus virtudes y defectos.

Está considerada la mejor novela gótica en todos los foros accesibles en internet. No hemos leído tanto de este género para poder llegar a ese juicio, pero sin duda tiene algo que lo haría posible. Tanto la historia como el relato tienen una complejidad digna de la literatura de mayor calidad. Quizás decae más la novela en el estilo del autor, que llega a tener partes que sorprenden por su simpleza o por sus "errores", por ejemplo, por contradicción, como al decir en un enunciado que las monjas hicieron mucho esfuerzo, para en el siguiente decir que movieron el objeto con mucha facilidad. Pero son despistes, quizás propios de un escritor nuevo, sin mucha práctica.

Matthew Gregory Lewis
Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/Matthew_Lewis_(writer)
Destaca la historia sobre el relato, es donde pretendía el autor impresionarnos, causar un efecto de extrañamiento que le diera éxito. El relato, por su parte, está compuesto como una estructura de contrapunto con muy pocos momentos de unión durante la mayor parte de la novela, algo que sorprende, aunque sin saber decir si  para bien o para mal. Hay grandes lagunas en la novela en las que el protagonista que da nombre a la novela no forma parte de la acción, sino que el narrador nos está contando, ya sea en analepsis, ya sea en tiempo real, una historia distinta que podríamos considerar secundaria. La sensación de "a qué viene esto" cuando ocurren dichas narraciones es abandonada cuando llegamos al final, momento en el que ambas historias, la principal y la secundaria se entrelazan. ¿Virtud o defecto?

Creemos que el autor estructuró el relato por parejas (quizás tríos) que aparecen según sea la historia que se está narrando. Sin ser del todo precisos, podríamos ver una tendencia (y sólo tendencia) a la aparición de las siguientes parejas: Ambrosio-Rosario; Lorenzo-Raimundo; Antonia-Leonela (después Elvira); madre superiora-Inés; y quizás podríamos añadir alguna más. Parece un truco para ir mostrándonos contrastes de caracteres, algo que podríamos relacionar con los posibles orígenes de la novela gótica en el teatro ilustrado prerromántico. En cada una de las historias que componen la novela destacan parejas distintas, de modo que vamos siguiendo la acción de cada una de forma independiente de las otras hasta el final.

Mi libro. La portada me encanta.
La historia se centra en la depravación de un monje y su caída en un infierno personal grave. No se ahorra en detalles, siendo lo sexual, lo lujurioso más bien, la gran baza del autor para producir espanto en una sociedad puritana y en gran parte ilustrada. El cambio que sufre el protagonista es tal que es uno de los aciertos de la novela (otro asunto es el cómo cuenta el narrador este cambio), produciendo grandes momentos de tensión que transmite al lector que llega a empatizar con él sin dificultad y ve cómo se hunde en la miseria moral, hasta que ésta llega y el remordimiento no aparece. Quizás esto último sea un rasgo de irrealidad que habla en contra de la objetividad del autor y hace decaer el nivel de la novela, ya que la resistencia moral hubiera sido, a parte de lógica, un detalle que hubiera dado juego a la narración y tensión a la historia, dado que ésta se centra en este personaje, un príncipe de lo moral, y su cambio en esta dimensión ante su particular descubrimiento de la sexualidad

Pero, ¿qué hay detrás de todo esto? La respuesta es simple. Frente a cualquier tópico sobre lo profano, lo inmoral, el exceso, etc.,  que se ha vertido sobre la novela gótica como temas o motivos propios, el único interés real (podríamos pensar que el tema de la novela) que había era el de atacar, por parte de una mente ilustrada y protestante (el autor), la tradición católica, especialmente la vida contemplativa y la santidad (aquí exagerada en superstición), en aquella época única en el sur de Europa. El camino para hacerlo, el más fácil, atacar la opción de la vida monástica, el retiro del siglo para vivir en oración y en dedicación continua a la vida interior. La "represión" que produce dicha vida da pie al autor a crear una historia llena de represión, superstición exagerada, debilidad carnal, hasta la exageración de la maldad de los abades, representantes, en la novela, de la cristiandad, hasta el punto de que al abad se le llama "santidad" por parte del populacho, a modo de Santo Padre, lo que nos hace pensar que es imagen del Papa y, por tanto, la crítica o ataque al catolicismo en la novela enfocada en él, o en la Madre Superiora, se extiende a todos los fieles. Salvando al "héroe", el resto de fieles no salen bien parados, siendo culpables, de una u otra forma, de los defectos de los abades. El caso de la madre superiora es curioso, ya que en ella se vierte toda la maldad posible, dibujada como una perfecta torturadora psicológica, representante de un imaginado barbarismo medieval, expresado en una norma inexistente de la regla monástica de las Clarisas, inhumana e increíble.
¿Me obligará blogger a censurar la imagen?
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Estos defectos propios de las personas, el de ser malvados o el de ser lujuriosos o moralmente débiles, posibles quizás en cualquiera, se nos plantea en la novela de modo que el lector los rechace sin reticencias. Sin embargo, no se pondera lo verdaderamente nefasto, el papel que desempeña Rosario en la historia principal: su modo de tentar y su estancia misteriosa en la cripta. Amén de otras circunstancias, como la casi continua apelación a una voluntad fuerte como conditio sine qua non puedes liberarte de la maldad de la Iglesia Católica y el encuentro con aquella otra fuerza sobrenatural que aparece en la novela. Ahí vemos verdaderos motivos de rechazo moral, ya que es en este personaje y sus hechos donde se esconde lo rechazable, pero esta oscuridad, este escapar a nuestra inteligencia, que parece ser la raíz de todo mal, el desacato de la norma con un fin maligno, parece ser un hecho ¿suprarreal? A pesar de todo ello (no soy más explícito por no estropear la novela a nadie) sigue siendo Ambrosio, el monje, el que es valorado de forma explícita como un ser maligno.

Creemos que el hecho de contraponer lo real a lo irreal hace que desechemos lo irreal por imposible y nos quedemos con una única valoración negativa, la de lo real posible aunque podamos interpretarla como improbable. Este juego de lo real y lo irreal puede ser un acierto por parte del novelista, que nos introduce en un juego sucio, justificado en la novela por ser ficción, pero que rechazamos por su interés religioso. No se puede minusvalorar una realidad, como es el catolicismo en la sociedad española o italiana, o la vida monástica, a partir de premisas fantásticas.

De ahí que todo el ataque a los valores tradicionales de la sociedad occidental europea, con apelaciones a lo suprarracional, a lo libidinoso, "la depravación religiosa y humana", sean pretextos que usa una mente ilustrada, no para escandalizar con su ligereza moral, al estilo de Sade, sino para atacar lo que es dibujado como escandaloso. En Sade el "héroe" es el lujurioso, en la novela gótica primera, el lujurioso es el "antihéroe".

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Más allá de la historia, y volviendo al relato, creo que si le hubiese dedicado más tiempo a la redacción, hubiera podido mejorar la novela en este aspecto, ya que habría aclarado la interrelación de tramas, el desarrollo psicológico de personajes y la coherencia de situaciones que quedan un poco sueltas, quizás hasta evitables.  Pero para haber sido escrita por un chaval de veinte años no podemos considerar que fuera un fracaso, ya que con lo complejo de la historia, consigue ordenarla de modo que a pesar de las taras, se pueda leer y disfrutar sin mayor problema. Además, ¿quién dice que no fuera premeditada la estructura final, aunque actualmente no nos sea del todo grata?

Centrándonos ahora en detalles, creemos que la parte sobrenatural de la novela se consigue con bastante facilidad, sin necesidad de exagerar. Quizás la primera entrada en la cripta sea más increíble, pero el final de la Segunda Parte está muy conseguida, con una aparición misteriosa y digna de la mejor novela de fantasía actual y con una serie de apariciones mágicas que, para haber sido escrita la novela en un momento donde no había muchos textos que sirvieran de fuente, quedan bastante bien, tanto los objetos mágicos como los seres. ¿No os recuerda el espejo al de Galadriel, o la aparición en la cripta a Annatar?

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Nos llama la atención que la arquitectura de los edificios no se exagera, sino que es únicamente un decorado en el que ocurre la acción. A pesar de que no haya exageración, retrospectivamente se mantiene un gusto "romántico" en las escenas del Castillo alemán, los monasterios y algún palacio madrileños. Tampoco se pondera la oscuridad, ni siquiera en la cripta que visitan Ambrosio y Rosario, el momento de casi mayor oscuridad espacial, incluso más que en las cuevas o bosque alemanes que aparecen entre la primera y segunda parte de la novela. Sin embargo, estos escenarios son los que dan una característica obvia de la novela gótica, sus "localizaciones", buscando el misterio y la oscuridad para producir tensión e, incluso, terror en el lector. Esto último lo intenta y para muchos lo conseguirá en el capítulo III de la tercera parte, cuando se introduce Lorenzo en las mayores profundidades y mayores oscuridades.

Un detalle que me hizo abrir los ojos un poco más, y no por miedo, fue la quema del convento que hay al final. Cómo la gente, conducida por el odio, asalta un convento que poco antes defenderían sin miramientos, para quemar las obras de arte, el mobiliario, acabar con sus habitantes, hasta que al final es derrumbado. Todo esto me recuerda a algo. ¿Tanto acertó Lewis al representarnos a los españoles? Eso sí da miedo.

Podéis echar un ojo a:



http://elmonjedelbardo.blogspot.com.es/2008/02/la-novela-gtica.html

http://elespejogotico.blogspot.com.es/2009/05/el-monje-matthew-lewis-novelas-goticas.html

http://www.jstor.org/discover/10.2307/1261285?uid=3737952&uid=2&uid=4&sid=21102297222681